La revolución de las primeras máquinas recreativas

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El comienzo de la modernidad en España

La revolución de las primeras máquinas recreativas de “la nueva era” se sucedió en España de la misma manera que en el resto del planeta, y esto es a raíz de la aparición de Space Invaders.

Anteriormente, durante mediados de los años 70, existían máquinas recreativas con estructura de mueble similar, pero no dejaban de ser variantes del clásico PONG; tal vez el más significativo fue Gun Fight, que sustituye las palas de juego por unos vaqueros que se disparan un tiro, con un cactus como impedimento y una carreta de bonus pasando de vez en cuando.

Cuando llegaron los invasores, nadie había escuchado nunca sonidos diferentes a simples pitidos, y el control voluntario más completo sobre la nave casi cuadrada ofrecía algo que parecía ciencia ficción para aquellos tiempos.

La principal empresa fabricante de máquinas en España, Sonic, se vió precisamente invadida por la competencia de decenas de fabricantes que comenzaron a fabricar sus muebles a raíz de la gran revolución.

Tanto Sonic como el resto, se asociaban normalmente con otras grandes empresas extranjeras, y compartían de esta manera la producción de manera parcial; unas veces se mantenía el diseño del mueble completo cambiando algunas artes, y otras se rediseñaba toda la máquina, modificando incluso la decoración por parte de cada empresa; hay que tener en cuenta que por aquel entonces, la infraestructura global no facilitaba las cosas a la hora de importar, por lo que la mayoría de las veces resultaba completamente irrentable traer las máquinas del extranjero, sobre todo de América, aunque sí es cierto que se solían ver máquinas traídas de Alemania de producción barata.

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Algunos de los fabricantes más importantes fueron junto con Sonic, Recreativos Franco, Petaco e Inder, aunque éstos son sólo unos pocos de los existentes, cada uno con sus diseños de muebles característicos y el reparto de máquinas según las ciudades de manera irregular, dependiendo de la compra masiva de máquinas por parte de cada operador.

Las primeras máquinas se montaban siempre sobre un mueble dedicado del todo al juego que mostraba en pantalla. La limitaciones técnicas de algunos monitores, y las conexiones diferentes en cada placa de juego, impedían combinar juegos en los muebles, haciendo incómodo el mantenimiento a los operadores; a pesar de todo, se empezaron a crear “kits” de adaptación para las placas originales que llevaban los muebles, y los operadores intentaban exprimir un poco más las máquinas que iban quedándose desfasadas a velocidad de vértigo, y hacía que la gente viera ya pasados de moda determinados juegos que apenas tenían uno ó dos años.

Las primeras que quedaron arrinconadas en los salones recreativos fueron precisamente las que habían provocado tanto revuelo al principio, las Space Invaders. Su monitor en blanco y negro impedía actualizar la máquina fácilmente, y una vez averiadas los operadores ni se esforzaban en repararlas; además normalmente ya habían dado suficiente rentabilidad como para molestarse en gastar para mantenerlas sin más, ya que la gente no jugaba.

Un mundo lleno de color

Galaxian arrasó, y eliminó a todas las máquinas en blanco y negro del concepto de modernidad; Asteroids tuvo su papel, tal vez no tan comprendido como en USA, donde sigue siendo un icono de aquella época, y destacaba por su impresionante e inimitable monitor vectorial con respecto a los demás juegos, aunque el control, para los más críos como en aquel entonces el que escribe, resultaba demasiado complejo como para elegir jugar a ella teniendo una alternativa al lado más duradera para los cinco duros tan difíciles de conseguir. Hoy en día es posiblemente mi juego predilecto.

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Alrededor de la primera máquina de Galaxian que descubrí se juntaba tanta gente, que tardé varios días en acceder a ver la pantalla, que me dejó sin expresión descriptible; el color sin tiras de celofán, las estrellas parpadeantes del cielo galáctico, y esa manera parabólica de tirarse los enemigos me dejó fuera de mí durante un instante, que imagino se interrumpió por algún “¿vas a jugar?, pues quita!” de algún medio adulto envenenado ya por el vicio de demostrar que domina ya la recién estrenada máquina.

Poco a poco empezaron a aparecer variantes mejoradas sobre el mismo concepto de matar marcianos. Los sonidos de Moon Cresta y el cambio de fases la hacían extremadamente atractiva.

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La historia en España continuó como en el resto de países, y tal vez el juego que más marcó a nivel popular fue Pac Man, con sus múltiples nombres según la empresa fabricante del mueble, y llamado Comecocos por todos. Procedente del nombre original Puck Man de Namco, los fabricantes ponían cantidad de variaciones al nombre para personalizar su máquina, manteniendo el juego original; Pacu Man, Come Come, Crock Man, y un largo listado se podía encontrar del mismo juego.

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Ave Fénix, nombre del fabricante Electro Game, para el juego Phoenix, ofrecía ya el uso de dos botones además del control de la nave, salvo en Asteroids, algo poco habitual, en este caso para la barrera protectora.

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Prácticamente todos los juegos de la primera generación sólo permitían jugar a un solo jugador por turno, alternando cuando se jugaba a dobles; curiósamente algunos juegos de mediados de los 70, como el ya nombrado Gun Fight, permitían jugar simultáneamente a dos jugadores con sendos controles independientes, aunque el tipo de juego se prestaba a incorporar esta característica, como en el Pong.
En el caso de los primeros juegos de la era moderna, cuando jugabas a dos jugadores, el objetivo siempre era obtener más puntos que tu contrincante, y aunque hoy parezca algo anticuado, resulta muy entretenido.

Afortunadamente a España llegaron prácticamente todos los juegos más populares de la historia, e incluso casi a finales de época del declive, aparecieron juegos españoles creados aquí, destacando los de la dedicada hasta entonces a los pinballs Playmatic, bajo el nombre de Cidelsa, para el entorno de videojuegos.

El final de las primeras máquinas dedicadas

Poco a poco, las máquinas dejaron de dar rentabilidad, muchas veces por el mal mantenimiento, o la incapacidad de muchos operadores para realizar ciertas reparaciones, que hasta entonces se hacían de manera electromecánica, y el nuevo sistema les sorprendió sin una preparación necesaria para mantener un nuevo tipo de juegos electrónicos a punto.
Por otra parte, la degradación de los muebles, y la mala y difícil adaptación de juegos más evolucionados nos hacía encontrarnos con joysticks mal instalados o que funcionaban mal, pantallas desenfocadas y sucias, juegos imposibles de dominar, y un mercado que ya no sorprendía como cuando llegaron los primeros modelos.

A mediados de los años 80, casi todas las máquinas dedicadas de la primera gran revolución desaparecieron como de una película de terror; durante tal vez dos años, no hubo prácticamente ni una sola máquina en todos los bares que antes habían tenido incluso varias cuando el gran boom.

La nueva generación estaba esperando; los muebles genéricos, tal vez con menos encanto, pero mucho más flexibles para intercambiar placas, con panel de mandos doble, y con una nueva generación de juegos, sirvieron para resucitar el auge de las máquinas de vídeo a monedas, hasta entonces siempre muy superiores a las versiones domésticas de aquella época.

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Roselson

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